viernes, 27 de noviembre de 2015
miércoles, 25 de noviembre de 2015
Eje 4 Actividad.- Cerebro Adicto
Las adicciones como enfermedad
Hasta hace unos años las adicciones
se consideraban un problema moral y de falta de voluntad. Hoy se reconocen como
una enfermedad y se sabe cómo tratarlas.
A raíz de importantes descubrimientos que empezaron en la última década
del siglo pasado, se ha ido transformando nuestra comprensión de las adicciones
y la imagen del adicto.
La investigadora mexicana-estadounidense Nora Volkow, observó en imágenes
cerebrales la influencia de las drogas sobre diversas zonas del cerebro y
encontró la causa física de la dependencia de sustancias como la cocaína y los
opioides, llevando a entender por qué los pacientes, aunque quisieran, no
podían dejar las sustancias por sí solos, sino que realmente necesitaban
tratamiento, éste fue un indicio importante de que las adicciones tenían todas
las características de una enfermedad.
La adicción se considera hoy una
enfermedad del cerebro porque las drogas modifican la química, la estructura y
el funcionamiento de ese órgano. Progresa por etapas; en la primera etapa las personas utilizan sustancias para
alcanzar la euforia que brindan, pero este consumo de drogas se convierte muy
rápido en enfermedad en quienes las utilizan en forma crónica. El cerebro
empieza a adaptarse a la sustancia y aparecen los primeros signos de
dependencia.
He aquí algunos signos que
sugieren adicción: consumir la droga de manera regular, imposibilidad de
dejarla, gastar en droga más de lo que se tiene, extralimitarse para obtener
droga (incluso robar) y sentir que se necesita la droga para funcionar
cotidianamente.
Cuando se abusa de las drogas se
alteran algunas zonas del cerebro como el tallo cerebral, que controla el ritmo
cardiaco, la respiración y el sueño; la corteza cerebral, que procesa la
información sensorial y nos permite pensar, planear, resolver problemas y tomar
decisiones, y el sistema límbico, donde se aloja el llamado circuito de
recompensa del cerebro. Dicho sistema motiva al individuo a repetir conductas necesarias
para la supervivencia y la reproducción como alimentarse y tener sexo.
La mayoría de las drogas
interfieren con la actividad de un neurotransmisor llamado dopamina, que
desempeña un papel fundamental en las sensaciones de placer. “El cerebro está
condicionado a repetir conductas que permiten la supervivencia y las drogas
actúan produciendo una activación mucho mayor de la que ocurre en las situaciones
naturales de recompensa. El cerebro pierde la capacidad de sentir placer por
las recompensas naturales, pues se acostumbra rápidamente a las dosis masivas
de dopamina que se producen al consumir una droga, y lo hace reduciendo su
producción natural, o bien disminuyendo la cantidad de receptores que captan la
señal de este neurotransmisor. Así, cuando falta la droga el cerebro ya no
cuenta con dopamina suficiente y la persona deja de disfrutar cosas
naturalmente placenteras, lo que conduce a la apatía y a la depresión.
Toda la parte del cerebro que es responsable del juicio, raciocinio y
control de la conducta se desarrolla hasta los veintitantos años. Como los
adolescentes suelen tomar sus decisiones a partir de las emociones y no del
juicio y el raciocinio, es más probable que abusen de las sustancias. El
problema principal es que en esa etapa de desarrollo el cerebro es mucho más
vulnerable.
No sólo las drogas causan adicción
Un descubrimiento, realizado por
investigadores del Scripps Research Institute de California en estudios con
animales, en 2010, sugiere que los mismos mecanismos cerebrales que participan
en la adicción a las drogas aparecen en la compulsión de comer. En ambos casos
el exceso puede provocar una descompensación en el circuito de recompensa; en
los comedores compulsivos, los impulsa a buscar alimentos ricos en grasas. Esta
similitud hace pensar que muchas de las compulsiones, o conductas adictivas
humanas como la adicción al sexo y a los juegos de azar podrían tener relación
con desequilibrios de dopamina o de otros neurotransmisores. Así, aunque en
principio estas conductas no sean adictivas, pueden llevar a la adicción.
Todas las adicciones pueden tener graves consecuencias para la salud y
las relaciones humanas y, por tanto, para el bienestar personal, familiar y
social. Este trastorno afecta varios circuitos cerebrales. Según dice Rubén
Baler, “No solamente el circuito que calcula la recompensa, sino también los
relacionados con el aprendizaje, con la memoria, con el control de emociones,
con la toma de decisiones; son varios circuitos. Todos interactúan entre sí y
muestran una disfunción en el adicto”. Asimismo, dependiendo de la sustancia y
del tiempo que se haya empleado, los efectos sobre la salud pueden ir de
enfermedades cardiovasculares, enfisema o cáncer, al desarrollo de trastornos
mentales irreversibles.
Señala el doctor Baler que para
que un tratamiento sea efectivo debe atacar por todos los frentes, hay que
entrenar de nuevo los circuitos neuronales que calculan las recompensas
naturales: la de la comida, la de salir con amigos, la del sexo. Todos los
aspectos de la recompensa natural que se volvieron disfuncionales en el adicto.
Conclusión
Sin
limitarme a las drogas, puedo resumir que cualquier tipo de adicción afecta
gravemente al desarrollo personal del individuo y de la sociedad, por lo que
debe ser atendido tanto con tratamiento al adicto, a su entorno y mediante la
prevención de conductas de riesgo, principalmente durante la adolescencia.
Elegí este tema porque a la hora
de la comida, por falta de tiempo, en lugar de comer, sólo salí a fumar y una
compañera me hizo la observación “Esa adicción”, coincidencia que estuviera
entre los temas a elegir.
viernes, 6 de noviembre de 2015
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